ANTONIO PIÑANA SEGADO
Antonio Piñana Segado
Antonio Piñana Calderón
Curro Piñana Conesa
Carlos Piñana Conesa
José Piñana Conesa

Cartagena (Murcia) 1913. Cantaor. Desde muy joven participó en espectáculos y festivales, recorriendo diversas ciudades españolas. En 1952 conoció a Antonio Grau, hijo de El Rojo El Alpargatero, perfeccionando a través de él los cantes originarios de las minas, y constituyéndose en uno de sus más fidedignos intérpretes.

En 1961, obtuvo el primer premio del I Festival Nacional del Cante de las Minas, de la Unión (Murcia) y en 1968, la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera, le otorgó el Premio Nacional de Flamenco, en su modalidad de enseñanza, en reconocimiento a su magisterio de los estilos levantinos. Otros galardones en su haber son el Taranto de Oro y el Carburo de Oro. Sus grabaciones discográficas son modélicas en los cantes de su tierra y ha realizado sobre ellos varios programas televisivos.

Es miembro de número de la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces. Varios homenajes le han sido tributados por la afición, uno de ellos en su ciudad natal, con asistencia de autoridades, poetas, escritores y artistas flamencos, entre ellos Pepe Marchena, Manolo El Malagueño, Canalejas de Puerto Real y José Palanca, y otro en 1978, organizado por la Peña Flamenca Pepe Marchena de la Unión, con la asistencia y la intervención de los cantaores Juan Varea, Ildefonso Pinto, Manbolo Romero y El Puebla, y su hijo, el guitarrista Antonio Piñana. Ha sido jurado de diversos certámenes e ilustrado con sus cantes diferentes conferencias de flamencólogos.

El arte y la personalidad artística de Antonio Piñana, considerado maestro de los cantes de Levante, ha sido glosada por destacados críticos y estudiosos, con comentarios en prensa y revistas, entre los que se encuentran los siguientes: Casimiro Bonmati Limonte: “La publicación de los discos de los Piñana constituye un acontecimiento cuya trascendencia nunca será suficientemente apreciada. Cúmplase con ellos el sentido anhelo de los buenos aficionados de perpetuar en una grabación la voz de un cantaor que conserva auténtica la esencia de los mejores cantes de nuestra tierra. Y, sobre todo, supone el que haya para siempre constancia documental, nada menos que un patrón, al que habrá que ajustarse en lo sucesivo. Porque Piñana padre es testamentario de esas modalidades del cante”. Manuel Rios Ruiz: “El cante levantino puro quedaba en Antonio Grau, hijo de El Alapargatero, y de él pasaron a Antonio Piñana, el cantaor que hoy los ejecuta con mayor propiedad y quien en realidad los ha revalorizado”. Diego Vera: “Se ha dicho muchas veces que el flamenco no morirá nunca y uno no tiene más remedio que afirmar que está seguro que mientras existan cantaores que defiendan el flamenco como lo hace Antonio Piñana, el más puro cante de nuestra España vivirá siempre entre nosostros”.

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